Hay noches en que uno no sabe qué hacer con lo que siente. Para esas noches se encendió este faro.
Alguien muy importante para quien mantiene este faro lo tomó de la mano, un día, y lo llevó al camino de la Palabra. Esa luz recibida no se olvida — y no se guarda. Este lugar existe para devolver ese gesto: ser para otros lo que esa persona fue para él, y que más personas puedan conocer la Palabra de Dios, sin puertas, sin condiciones, sin apuro.
Por eso el faro lo mantiene una sola persona, sin una iglesia detrás, sin organización ni fines de lucro. No pertenece a ninguna denominación y no discute doctrina ni política: solo enciende la Escritura —Reina-Valera 1909— para quien la necesite. Sin cuenta, sin anuncios; lo que escribes se queda en tu dispositivo y nadie puede leerlo.
El faro acompaña, pero no reemplaza a un médico, a un psicólogo ni a un abrazo. Si esta noche pesa demasiado, en Perú está la Línea 113, opción 5 — gratuita, 24 horas. Emergencias: 106.
Una luz no pierde nada por encender otras.
El faro es y será gratuito. 🕯️