Hay noches en que uno no sabe qué hacer con lo que siente. Para esas noches existe el faro.
Faro de la Luz lo mantiene una sola persona. No hay una iglesia detrás, ni una organización, ni fines de lucro. Existe porque su autor encontró la Palabra en sus momentos más difíciles, y quiso dejar una puerta abierta para quien esté pasando los suyos.
El faro no pertenece a ninguna denominación y no discute doctrina ni política. Aquí solo se enciende la Escritura —Reina-Valera 1909, de dominio público— para quien la necesite: creyente de toda la vida, alguien que se alejó, o alguien que llega por primera vez. Todos entran igual: sin cuenta, sin anuncios, sin que se les pida nada.
Lo que escribes en la bitácora se queda en tu dispositivo. No viaja a ningún servidor, no existe una cuenta, y nadie —incluido quien mantiene el faro— puede leerlo. No usamos anuncios ni vendemos datos. Las estadísticas de uso son anónimas y agregadas.
El faro acompaña; no reemplaza a un médico, un psicólogo, un pastor o una persona que te abrace. Si lo que sientes lleva semanas o te cuesta sostener el día, mereces ayuda profesional — no porque te falte fe, sino porque eres una persona, y las personas necesitamos ayuda.
En Perú: Línea 113, opción 5 — gratuita, 24 horas, Ministerio de Salud. Si tu vida corre peligro ahora: 106 o la emergencia más cercana.
Acompañamos, no corregimos. Ocultamos lo que culpa a alguien por lo que vive, lo que promete sanidad a cambio de fe, lo que receta o diagnostica, lo que invita a una congregación específica, y lo que trae política o disputas de doctrina. No es censura: es cuidar el lugar.
El faro es y será gratuito.
Entrar al faro 🕯️